Al otro lado de la adicción pretende ser un espacio abierto y sincero para compartir la experiencia del día a día de quienes vivimos por, para y a través de un familiar que permanece enganchad@ a sustancias como las drogas o el alcohol.
Este blog nunca puede sustituir la ayuda de l@s profesionales que tanto necesitamos para salir del infierno en el que estamos instalad@s, pero si puede ser un rincón para descargar nuestras emociones y aliviar el dolor de cada día.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Rondando la recaída

Como en la adicción, en la coadicción la recaída siempre es un riesgo. Y creedme, es una experiencia desagradable, porque pone en evidencia tu recuperación, el trabajo que hayas hecho hasta entonces aprendiendo a detectar los síntomas y anticipándote a la toma de medidas.
Como en la adicción, en la coadicción no puedes agarrarte a decir aquello de que recaer es un riesgo de tu enfermedad, porque de alguna manera te estás dando permiso para cada tanto recuperar comportamientos de riesgo a los que estábamos enganchad@s y contra los que tanto hemos luchado.
Como en la adicción, en la coadicción, lo que viene después de una recaída cuesta ser reconstruido. Estados depresivos, baja autoestima, ansiedad, aislamiento, miedos, sufrimiento… la actitud es fundamental, y aunque ya nos hemos demostrado que no es necesario recaer para aprender, una recaída no puede no servirnos sino para darnos cuenta de que no podemos bajar la guardia en nuestro camino hacia la recuperación que se construye día a día.
Como en la adicción, en la coadicción la recaída es una posibilidad que es evitable y no es conveniente. Si permaneces atent@ los síntomas están ahí, se manifiestan a lo largo del tiempo primero de manera muy sutil, casi imperceptible, quizás tomando pequeñas decisiones, o permitiendo a nuestras emociones hacer caso a ciertos pensamientos que se van enlazando y te van conduciendo a esos patrones de conducta nocivos que ya conocemos y que creíamos superados.
Y todos los casos es el peor de los casos. Si seguimos cerca de un adicto y consume, porque consume, pero es que, aunque no fuera así, cualquier circunstancia que no nos cuadre, nuestras alarmas se pueden encender y pueden pasar dos cosas:
1.    Nos decimos a nosotr@s mism@s: ni hablar. No vuelvo a pasar por esto con la contundencia de la acción y de poner en marcha todo lo aprendido o,
2.    Nos decimos a nosotr@s mism@s: no puede ser, otra vez… y entonces, aunque no haya razón o sinrazón aparente, lo siguiente es la espiral de la recaída

Todo parece sin importancia en ese camino a la recaída en los comportamientos coadictivos, sin embargo hay que poner freno a tiempo antes de cruzar la sutil línea que separa la razón del abismo.

lunes, 8 de febrero de 2016

Aunque no tengas nada que ver

Si esto me hubiera pasado en otro tiempo, hoy estaría destrozada. 
Un episodio, con un desconocido, ajeno a mi entorno de ese momento, en la mesa de un restaurante, públicamente... a gritos frente a mis clientes. Esta es la historia.

Estaba con unos clientes, hablaba con ellos de trabajo. De repente, en nuestra conversación, absolutamente privada, de negocios, entró ese extraño para gritar a los cuatro vientos que yo era una mentirosa, que estaba engañando a aquellas pobres personas -así lo dijo-, refiriéndose a quienes compartían conmigo la mesa. que si me creía muy lista... que aunque hablase con tanta inteligencia, que en realidad yo era una manipuladora... se levantó, se vino a nuestra mesa... claramente había bebido, mucho... La mujer que le acompañaba, supongo que su mujer, se sintió avergonzada. Le dijo:
- Si no lo dejas ya... me marcho!
- Pues vete... es lo que haces siempre -dijo él-
La señora se levantó y marchándose, nos pidió disculpas -imagino cómo se sentiría... pero ella no imaginaba ni remotamente, que yo sabía por lo que estaba pasando
Mis clientes estaban alucinados, un poco bloqueados por la situación, inmediatamente entendieron que no conocía de nada a ese señor, ni él a mi... y yo insistía: 
- no pasa nada, no pasa nada, está bajo los efectos del alcohol
yo trataba de concentrar la atención de mis clientes con mi propuesta de trabajo, pero ellos no podían ante los gritos y la agresividad de aquel señor que la había tomado conmigo, quien sabe por qué... y la verdad, tampoco tenía ninguna importancia
uno de ellos le dijo: 
Por favor señor, esto es una conversación privada, estamos hablando de trabajo y esta señora trabaja para nosotros. No se meta. Respete.
Pero aquel señor claro, no hizo caso.
Mis clientes decidieron levantarse. Se sentían incómodos, y por supuesto, no podían atender a mi discurso.
Su sorpresa era que yo no me alteraba.

La verdad, no quise darle más importancia. Pero cierto, me trajo a la memoria, aquellas veces en las que mi marido se presentaba ebrio en mi trabajo, un trabajo de cara al público, y en un mar de sinsentidos, solo explicable porque forma parte de los efectos del alcohol, me ridiculizaba, me gritaba y a lo peor, se metía con mis clientes que no entendían nada.

Yo, tan educada, y en voz baja, le pedía por favor que se marchara... pero a veces era imposible. Se mantenía allí como una roca... estaba avergonzada... sufría... ninguno de mis compañeros, claro, quería meterse... hubiera sido peor... cuando por fin se marchaba, aspaventoso, haciendo ostentación de que yo era su mujer -lo contrario a la discreción que yo reclamaba- cuando lo único que quería era meterme debajo de un ladrillo y esfumarme..., pues cuando por fin se marchaba... me iba corriendo al baño, a llorar... no se si por la tristeza o por la vergüenza o por la tensión que acababa de pasar.
De modo que cuando me sucedió solo hace tan sólo unos días, pues no, no me alteré. Muchos, muchos meses de terapia, me han enseñado que los efectos del alcohol forman parte de la enfermedad... que si me hubiera sentido provocada -que no-, hubiera sido entrar en el juego de alguien que estaba bajo la voz de ese intruso llamado alcohol... que hiciera lo que yo hiciera, nada iba a cambiar, y que lo mejor que pude hacer, así lo sigo creyendo... es no entrar en un juego donde el único que quiere jugar es la sustancia.
Si yo no hubiera aprendido que el alcoholismo es una enfermedad de la que nadie estamos libres... si no hubiera pasado por mi propia experiencia sabiendo lo mal que lo estaba pasando aquella señora, hoy tendría la moral minada... dudando sobre mi misma frente a mis clientes... 

sábado, 6 de febrero de 2016

El valor de valorarte


Ahora me pregunto: ¿Decidí vivir con el porque me hacía sentir bien o para que me hiciera sentir bien, porque me tenía en un pedestal o para que me tuviera en un pedestal, porque me valoraba como nunca antes lo había hecho nadie o para que me valorase como nunca antes lo había hecho, me sorprendía tanta complicidad o es que yo misma era la única cómplice de esta trama tan perversa que tal vez creé en mi beneficio?. ¿Sentí que era el hombre de tu vida o que debía serlo?

Quizás, con o sin la adicción de mi pareja de por medio, esto que acabo de plantear fuera la mayor confusión de la que me dejé llevar en mi vida. Puse –y no era la primera vez- mi valía en manos de otra persona. Pero un día llega y por alguna razón, en este caso la adicción de el, y se desmonta el mundo que te sostiene. Y ahora ¿qué?. ¿dónde quedas tu?
Entonces, se instala el caos: no te encuentras porque sólo eres en relación a otra persona, pierdes la noción de quien eres, del por qué y para qué vives y un intenso dolor se apodera de ti. Se ha enganchado en un lugar tan adentro que afecta a toda tu vida. Te bloquea, te inmoviliza. Te hunde.
Es duro reconocer que detrás de una persona que deja su valía en manos de otra lo que hay es inseguridad y miedo, introversión y un alto grado de sensibilidad de la mala. Pero cuando estás ahí, ¡cuidado!, la depresión te puede vencer.
Imagina si a esta complejidad tuya, ¡mía, vaya!, sumas que estás en la vida de un adicto. Caer en la depresión es un riesgo que tod@s hemos al menos rozado en alguna ocasión. A mi me pasó. No voy a entrar a comentar las causas que hace que un adicto lo sea y todas las consecuencias que conlleva para quienes viven a su lado, pero no es justo cargar en ell@s la responsabilidad de personalidades que no saben valorarse lo suficiente hasta el punto de manipular a otra persona y menos un enfermo de adicción –por supuesto no conscientemente- y cargar sobre ellas el valor de tu persona. ¡Eso, no es justo!
La depresión es tan compleja –yo sólo soy un testimonio, no una profesional de la psicología- que si la dejamos que nos siga asediando, la asunto no se queda en un mero estado de ánimo. No. Es mucho peor, porque entre otras cosas, te vuelves vulnerable a otras emociones muy tóxicas, emociones que te aniquilan, te discapacitan. Seguro que sabes a qué me refiero: culpa,  frustración, ansiedad, miedo, repulsa de mi mism@... Para no pensar en la parte de responsabilidad que tenemos de nuestras emociones, no hay nada como tener cerca a alguien a quien cargar este peso, alguien en la forma de “eres el culpable de mi infelicidad” o “eres tu el que me arruina la vida”.
Y todo eso, porque no te hiciste o no quisiste hacerte las preguntas adecuadas.
Ahora pienso si lo que hice no fue buscar, favorecer incluso crear un entorno que me permitiera esconderme de mi misma, justificarme de la imagen que tenía de mi misma. Porque cuando se derrumba el mundo-máscara que has creado a través de esa otra persona que en un tiempo reforzaba tu autoestima y te ayudaba a olvidarte de lo que subyace debajo de todo eso, entonces todo se pone en evidencia, pero como no quieres verlo, mejor manipulas el modo en que te haces, te sientes responsable de que las cosas no vayan como tu quieres o necesitas... te dices: ¡la culpa es mía!... no hice, no dije o... hice, dije... si no hubiera sido porque yo...., Yo. Yo. Yo. Yo. ¿yo? ¿a qué yo me refiero?.
Pido perdón por ser tan dura. La mayor dureza es verte frente a ti mism@ sin ornamentos, y hay momentos en que debemos/debo ser severa conmigo misma. Un enfermo adicto ya sufre una gran carga, pero la mía es mía y debo afrontarla yo. No hacerlo nos vuelve vulnerables a la codependencia, a la coadicción.
Con el tiempo y, en mi caso al menos con ayuda profesional, aprendí a valorarme, y cuando lo hice, también aprendí que valorarte a ti mism@ es el mejor antidepresivo que existe y el mejor principio para empezar a romper con mi codependencia. 

viernes, 5 de febrero de 2016

CARTA DE UNA HIJA

Antonio Vázquez Velázquez nos ha enviado este texto... Tristemente no es una situación aislada de las graves consecuencia que puede tener el consumo de sustancias adictivas. ¡GRACIAS ANTONIO!

Fui a la fiesta y me acordé de lo que me dijiste. Me pediste que no bebiera alcohol. Por eso, bebí una Sprite. Sentí orgullo de mí misma, tal como me dijiste que sentiría. Me dijiste que no debería beber y conducir, al contrario de lo que algunos amigos me dijeron. Hice una elección saludable y tu consejo fue correcto, como todos los que me das siempre. Cuando la fiesta finalmente se acabó, la gente empezó a conducir sin estar en condiciones de hacerlo. Fui hasta mi auto con la certeza de que volvería a casa en paz. Nunca me imaginé lo que me esperaba, mamá. Ahora estoy tirada en la calle y oigo a un policía decir: "El chico que provocó este accidente iba borracho". Mamá, su voz parece tan distante. Mi sangre está derramada por todos lados y estoy intentando con todas mis fuerzas no llorar. Puedo oír a los médicos decir: "Esta chica va a morir". Tengo la certeza de que el joven, que manejaba a toda velocidad, decidió beber y conducir; y ahora yo tengo que morir. Por qué las personas hacen esto, mamá? Sabiendo que esto va a arruinar muchas vidas. El dolor me está cortando como un centenar de cuchillos afilados. Dile a mi hermana que no llore; dile a papá que sea fuerte. Y, cuando vaya al cielo, estaré velando por todos ustedes. Alguien debería haberle enseñado a aquel chico que está mal beber y conducir. Tal vez si sus padres se lo hubieran dicho, yo ahora no estaría muriendo. Mi respiración se está debilitando, cada vez más. Mamá, estos son mis últimos momentos y me siento tan desesperada. Me gustaría que me pudieras abrazar mamá, mientras estoy tirada aquí muriendo. Me gustaría poder decirte lo mucho que te quiero, mamá. Por eso.. Te quiero... y... adiós..."

(Estas palabras fueron escritas por un reportero que presenció este accidente. La joven, mientras moría, iba diciendo estas palabras y el periodista anotaba... muy abrumado)

martes, 2 de febrero de 2016

Parece una eternidad o apenas un rato

Hace 3 años que no publico en este blog. Según lo miro, parece una eternidad o apenas un rato. Pero aquí estoy de vuelta. La vida me ha dado unas de cal y otras de arena. Pero  ¡a quien no!
¿Pensáis que no me he repetido en más de una ocasión por qué no he vuelto? Pues si. Sí que me ha sido un pensamiento recurrente. Cada vez que entraba en el blog y en las redes sociales me abrumaba el impacto que ha tenido compartir con vosotros mis experiencias como coadicta y según entraba volvía a salir no sin cierto cargo de conciencia. Pero al final pasa lo que os cuento a continuación y me permito anticiparos, que también os descubriré lo que ha venido sucediendo en este extraño camino mío de la codependencia.
Después de pasar con mi marido por el centro terapéutico durante 18 meses consecutivos y después que rehabilitados, nos dieran el alta, lo primero que piensas es en poder ayudar a otras personas que como tu han vivido y/o aún viven el infierno de compartir la vida con un adicto a quien quieres pero que con su enfermedad está arruinando tu vida.
Sin embargo, pasado el tiempo, quieres alejarte de todo lo que te recuerda a aquella época. Traer y volver a traer a la memoria aquellas emociones es como que no te ayudan a desprenderte definitivamente de la amargura de otro tiempo. Decides que no quieres volver a pensar, a sentir, a revivir aunque sea sólo con la palabra, aquellos momentos de desesperanza y soledad. ¡Era mi derecho!. ¡Es/será tu derecho!
¡Y te vas!. ¡Te vas de todo aquello!. Quizás fuera un mecanismo de defensa, porque en realidad sigues con la misma persona, rehabilitada y cambiada, sí, pero es el mismo DNI... ¡no se si consigo explicarme!... Y bajo la rúbrica del perdón: el perdón a ti misma, el perdón a él porque era la enfermedad, quieres hacer un borrón y cuenta nueva que en realidad no es tal. Es sólo una ilusión. Claro que es sólo una ilusión. ¡Cómo no! ¿quien puede desprenderse de la experiencia pasada que contribuye a construirnos como personas?
Pero no es sólo eso. Como en mis terapias me dieron una buena caja de herramientas y me enseñaron a utilizarla, todas las alarmas se me encienden cuando me encuentro en esas situaciones donde se que antes caía en esos comportamientos insalubres que ya conozco. Ahí es donde descubres que la codependencia –la coadicción-, es una enfermedad inteligente. Se cuela y apenas estás atenta, te das cuenta de que la sigues practicando allí donde encuentras a alguien con quien serlo… no te das cuenta que pudo quedar una pátina de la que no me termino de desprender.
¡Ay mis terapeutas!, seguro que estáis pensando que no terminé de hacer bien mi trabajo, que no gané esta lucha. ¡No sufráaaais!
Pero por eso estoy aquí. Porque quiero decir bien alto para que todo el mundo me escuche, que esto puede suceder. No tiene por qué, pero puede suceder. Ahora me doy cuenta, de que si obvio la huella que pudo dejar en mí mi coadicción puede ser sólo un modo de huir de ella. Así que estoy muy contenta de reencontrarme aquí con todos vosotros cuando se, hoy más que nunca se que nunca debí marcharme.
Y sobre los detalles… ¡ya iremos hablando!

jueves, 24 de enero de 2013

Dame la mano y no mires atrás

La codependencia no tiene nombre ni apellidos. No entiende de sexos, ni de razas, ni de lenguas, ni de religiones. No respeta rangos ni clases sociales… no sabe de política ni de ciencia. La codependencia sólo es amarga. Tiene el color de la bruma espesa. Entra sin llamar, en silencio… y se queda sin ser invitada. No la puedes tocar ni oír. Es como dicen de la muerte… apenas te da tiempo de presentirla, cuando ya la tienes encima. Entonces… dejas de vivir.
Es mala compañera y mala consejera pero, aunque no quieras, ¡te engancha tanto…!
¡CUIDADO!: la codependencia puede convertirse en una forma de vida… no olvides que es una forma de adicciónes destructiva, obsesiva y compulsiva. Negadora de la evidencia, controladora, manipuladora, y atenta contra la salud física y psíquica propia y ajena.
Y uno se acaba preguntando: pero ¿y esto… desde cuándo?.
Hoy, mirando atrás, veo muchas de esas conductas adictivas en mi pasado que de haberlas reconocido, me habrían anunciado lo que hubiera querido evitar. Llámalo excusa, pero si entonces hubiera podido ponerle un nombre a lo que no era normal sino para mi…
Pero la ignorancia sobre el hecho de que esas conductas enfermizas se tornan codependencia ha sido hasta hace poco, una tremenda lacra. Qué gran verdad es que lo que no tiene nombre no existe.